Cuando los niños mandan en casa

Las exageradas indulgencias en la que los padres caemos, creyendo lograr criar niños felices, hace que permitamos que el chico haga lo que quiera, sin que sintamos la confianza de poner reglas Nunca tan frecuentemente como hoy encontramos chicos a quienes sus padres permiten hacer lo que se les ocurra sin realmente hacerlos sentir que conductas impropias tienen consecuencias negativas.

Esta exagerada indulgencia, en la que caemos tal vez creyendo lograr criar niños felices y eficientes, hace que permitamos que el chico coma lo que quiera, a la hora que quiera, que se quede despierto hasta que él lo disponga, que maneje el auto de la familia aunque no tenga licencia, que organice “chupas” y que llegue a cualquier hora de la madrugada, etc., etc.

Todo esto sin que sus padres sientan la confianza de poner reglas o darles negativas a sus deseos. Pero es hora de preguntarnos lo siguiente:

¿Desde cuándo son los chicos los que toman decisiones?

Tal vez, una de las razones que explique esta pérdida de confianza en el papel de padres esté en que nacieron en una década en la que, rebelándose contra un autoritarismo exagerado, se cayó en lo opuesto, permitiendo, por miedo a dañar el autoestima, que los chicos como vía de expresar su rabia, frustración o incomodidad, lleguen al extremo de ser descorteses, groseros, maleducados y desagradables, sin saber con certeza qué hacer para volver a un punto de equilibrio. Muchas familias no tienen estabilidad interna y eso hace aún más complicada la situación educativa.

Las demandas y presiones que el trabajo y la familia ejercen sobre los padres lleva a éstos a cometer muchos errores por sentirse culpables de abandonar a sus hijos.

Al llegar a casa, no quieran dañar la rela-ción con retos y castigos, y en lugar de ser maestros de habilidades y formadores de valores se convier-ten en donadores de alegrías y compla¬cencia. Esta actitud de “panas y confidentes”, llevada a extremos, hace que muchos chicos dejen de verlos como autoridad, sino como personas blandengues que no están seguras de lo que hacen.

La televisión ha colaborado también a la pérdida de la percepción de los padres transmisores de sabiduría y los ha puesto, hasta cierto grado, como mediadores útiles para conseguir todo el material que deseen.

Estos chicos, a pesar de que lo tienen todo, no aprecian nada. Otro factor importante, a nivel de la pérdida de la seguridad en la función paternal, es el divorcio.

Nunca antes había tantos hijos del divorcio y todos sabemos las batallas de competencia que se establecen a nivel de rivalidad de afecto de los hijos, aspecto que impide cumplir con eficiencia la función educativa.

La importancia de los límites Los niños en forma innata buscan límites, y si no los hay en su torno se sienten confundidos.

Las pataletas de los 3 años, las batallas verbales de los 8 años o las respuestas impulsivas de la pubertad son formas de manifestar búsqueda de límites.

Si los padres no ponen límites, los chicos siguen empujando y molestando, queriendo en el fondo descubrir hasta dónde se les permite llegar.

El fracaso en la puesta de límites trae resultados graves para la estabilidad emocional futura.

Las reglas claras con consecuencias de no acatarlas, adecuadas a nivel madurativo del joven, los hace sentir seguros.

A pesar de que los chicos no lo quieran reconocer, aprecian mucho cuando sienten que sus padres están a cargo de la situación y se sienten seguros de lo que hacen y dicen o piden a sus hijos.

El poder predecir lo que va a pasar los va estructurando a nivel de nociones de bien y mal.

Los casos más rebeldes Hay jóvenes que por su forma de ser son resistentes a reglas e imposiciones.

A estos chicos se los conoce como oposicional-desafiantes, y constituye un serio proble-ma educarlos. Muchas veces los padres de los niños con estas ca-racterísticas requieren ayuda profesional, porque sienten que el chico se les va de las manos y si retoman el camino, el futuro pareciera negro.

Admitir que algo hacemos mal o que algo está mal en nuestro hijo es realmente un paso difícil que, una vez aceptado, puede ser una bendición tanto para el padre como para el chico.

Recomendaciones importantes

Cuando una familia está fuera de límites, el primer paso es reconocerlo y el segundo es reunirse y establecer reglas y consecuencias, buscando conocer bien lo que se espera de cada uno, lo que se exige de cada uno y que las consecuencias de no acatarlas enrumbe nuevamente la disciplina interna. Los padres son los que tienen que revisar su papel.

Es importante que traten de comprender la causa por la que les ha sido tan difícil ubicarse en el rol que les corresponde y por qué han permitido que el hijo los desu-bique.

Si un niño siente que él puede con sus padres mucho más que sus padres pueden con él, ha vivenciado una descentralización de la que es muy difícil salir, salvo que se retome caminos en forma estable y firme.

* Tomado del Libro “ ¿Cómo ayudo al chico que amo? Guía para padres y educadores, de autoría de la Psic. Evelyn Brachetti de Areco.


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