Tiempo para formar niños felices

El guiar, escuchar, comprender y educar a los niños en nuestra sociedad de hoy es difícil pero no imposible.
Sacar a los niños en buena formación es una tarea de mucha paciencia, serenidad, exigencia, firmeza, dedicación, comprensión y amor; todo esto demanda tiempo de parte de los padres o de las personas que cumplen este maravilloso e importante rol.
El hogar tradicional donde papá y mamá formaban a sus niños, ha sido sustituido algunas veces por abuelos y tíos fruto de la migración de los padres a otros países buscando un ingreso digno que les permita vivir con decoro.
El aumento de los divorcios han dejado a papá o mamá solos al frente de la formación de sus niños, sintiendo ellos una enorme responsabilidad por el futuro.
Independientemente del tipo de hogar en que se desarrolla un niño el tiempo que le dedicamos los padres, abuelos, tíos a estos es fundamental para su desarrollo; en ese tiempo le inculcamos valores que serán sostenidos firmemente con nuestro ejemplo.
Valores como respeto, responsabilidad, puntualidad, tolerancia, solidaridad, honradez, exigencia, limpieza, orden son importantes para ser de ellos jóvenes y luego adultos de bien.
Nuestros niños necesitan padres que los eduquen, que los acompañen en ese camino que es la vida, que contribuyan a construir y elevar su autoestima, que en lugar de culparles por sus temores, por la dificultad que encuentran en adaptarse a nuestras situaciones y por su sensibilidad les ayuden a manejar su ansiedad de forma constructiva y a superarse ante las dificultades.
Tanto la excesiva tolerancia –papás amigos- como el autoritarismo –papás jefes- provocan en el niño temores, baja autoestima, inseguridad, escasos recursos para superar las tensiones e incapacidad para pensar por si mismos.
Tenemos que conseguir que nuestros niños cuando sean adultos sean personas de bien y que se valgan por si mismo y que tengan una actitud positiva frente a la vida.
Para eso debemos implementar la disciplina como una forma especial de amor.
Nuestros niños necesitan unas líneas básicas, unas directrices claras de comportamiento marcadas desde una autoridad firme, razonada, exigente y amorosa de los padres.
En mi quehacer diario es frecuente escuchar de los niños que sus padres no les dedican tiempo, dicen que pasan poco tiempo con ellos, que llegan tarde a casa y que no los escuchan.
Los niños necesitan que sus padres le dediquen tiempo de calidad y de cantidad, sino no se puede implementar la disciplina.
Pienso como muchos padres creyentes que a nuestros niños hay que enseñarles que Dios está presente en nuestras vidas y que somos sus hijos.
El mismo Jesús amaba y escuchaba a los niños con mucha atención.
En una sociedad consumista y materialista donde todo el mundo parece andar de prisa, el hacer una reflexión profunda sobre nuestras vidas debe llevarnos a cultivar nuestra espiritualidad y sentirnos hijos amados de Dios.
Padres, abuelos, tíos sean buen ejemplo para sus niños; ellos los observan y aprenden todo de ustedes.
Tengan mucha paciencia, serenidad, firmeza y amor en la formación de sus niños, y sobre todo dedíquenles tiempo así nos abstengamos de realizar ciertas actividades de nuestro tiempo.
Escuchen y hablen con sus niños fomenten y cultiven los valores y tendrán niños buenos y felices con una actitud positiva frente a la vida.
















Solo con un verdadero amor se podrà tener resultados positivos.El amor que tienen los padres hacia sus hijos, les permitirà reunir todo esto: paciencia,serenidad, firmeza e sobre todo comprension; las mismas que tuvieros nuestros padres con nosotros y nos permite en la actulaidad ser personas de bien.