Instinto maternal: ¿mito o realidad?

Ser madre es una de las experiencias más importantes en la vida de toda mujer, pero el amor de la madre hacia sus hijos es un trabajo que comienza durante el embarazo y se acrecienta, día a día, después del nacimiento.
Los problemas físicos, las incomodidades y los miedos de los primeros días hacen que, en muchas ocasiones, las madres sientan que no quieren a su hijo como deberían, se sienten culpables y piensan que no tienen instinto maternal, pero, en realidad, lo que ocurre es que lleva tiempo amar a los hijos.
Lleva tiempo amar a los hijos
Tener un hijo es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de una mujer y, aunque es una experiencia en la que se alternan inconvenientes y alegrías, la balanza se decanta siempre hacia el lado positivo.
Pese a ello es normal que existan sentimientos contradictorios y ambivalentes desde el comienzo del embarazo dados los cambios que supone, no sólo físicos sino principalmente psicológicos, tanto a nivel personal como en las relaciones familiares y sociales.
El tópico de que amarás a tu hijo desde el primer momento no siempre suele cumplirse.
Lleva tiempo amar a un hijo y no hay que sentirse mal por ello.
Aunque haya sido una criatura deseada y se haya planificado el momento de tenerla, puede suceder que al nacer aparezcan problemas de todo tipo para hacerse cargo de él de una forma relajada y tranquila.
Quizá se haya sentido imaginariamente muy unida con ese niño/a que llevaba dentro y del que ahora ha tenido que separarse, también es probable que ese nuevo ser de carne y hueso que tantas satisfacciones había procurado durante el embarazo no coincida plenamente con quien se había fantaseado.
Generalmente estas primeras dificultades suelen ser pasajeras y van desapareciendo en la medida en que la madre va recobrando la confianza en sí misma, al mejorar su propio estado físico y al encontrar las primeras gratificaciones en las miradas y sonrisas del recién nacido, aunque tampoco es extraño encontrar complicaciones más duraderas que en algunos casos pueden llegar a dar lugar a las conocidas depresiones post-parto que suelen responder a ciertos conflictos psicológicos reprimidos que se movilizan en este momento.
La importancia de ser madre
Para todo ser humano el vínculo más importante es el que establece con su madre desde los primeros momentos de su vida.
Ella es la persona más importante para el recién nacido ya que no sólo depende físicamente de sus cuidados sino que todo su desarrollo psicológico estará influido por los contactos que se establezcan entre ellos.
La gran responsabilidad que supone ser madre está ampliamente recompensada, como se ha dicho, por la felicidad que comporta ver la evolución y el crecimiento de los hijos. Por todo ello no es conveniente obsesionarse en ser una madre perfecta, ya que la perfección absoluta no existe tampoco en la maternidad.
















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